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VIGOREXIA  La adicción del siglo XXI

¿Cómo detectarla ?:

  • Obsesión por verse musculosos.

  • Se miran constantemente al espejo y nunca se ven satisfechos.

  • Invierten todas las horas posibles en hacer gimnasia para aumentar su musculatura.

  • Se pesan varias veces al día.

  • Se comparan con otros compañeros de gimnasio.

  • Siguen dietas bajas en grasa y ricas en hidratos de carbono y proteínas.

  • Tienen más riesgo de abusar de sustancias como hormonas y anabolizantes.

  • Actualmente está muy de moda entre la juventud y cierto porcentaje de los adultos el culto al cuerpo. Esto muchas veces, con el paso del tiempo se convierte en una adicción al ejercicio o vigorexia, es decir, un trastorno en el cual las personas realizan prácticas deportivas en forma continua, con un fanatismo prácticamente religioso, a punto tal de poner a prueba constantemente su cuerpo sin importar las consecuencias.

    Dentro de los mencionados, podemos encontrar esas personas que sólo buscan la figura perfecta influenciados por los modelos actuales que propone la sociedad, y aquellos deportistas que sólo quieren llegar a ser los mejores en su disciplina exigiendo al máximo a su organismo hasta alcanzar su meta.

    Los adictos al ejercicio practican deportes sin importar las condiciones climáticas, sientan alguna molestia o indisposición, a punto de enfadarse y sentirse culpables cuando no pueden realizarlo o alguien critica dicha actividad.


    La mayoría no puede dejar de concurrir un día al gimnasio, en el que pasan además muchas horas por día, llegando a convertirlo en su segundo hogar.

    Estas personas poseen una personalidad muy característica, similar a los que padecen otras adicciones: tienen baja autoestima y muchas dificultades para integrarse en sus actividades sociales habituales, son introvertidos y rechazan o les cuesta aceptar su imagen corporal. Su obsesión con el cuerpo comparte muchos rasgos con la anorexia.

    El fisicoculturismo es uno de los deportes que más comúnmente está relacionado con este tipo de trastorno.

    Las Endorfinas

    Constituyen un grupo de hormonas que produce el propio organismo, con propiedades similares a la morfina, como un mecanismo de defensa ante diversos estímulos. Principalmente actúan como analgésicos endógenos.

    Cuando la persona practica deportes rutinariamente hasta extenuarse el organismo comienza a producir estas sustancias para aliviar los síntomas, y esto le permite poder continuar el trabajo por más tiempo cada día. A medida que pasa el tiempo se requerirá una cantidad cada vez mayor para poder soportar el dolor, lo que acarreará serias consecuencias. Todo esto lleva al desarrollo de una verdadera adicción a las endorfinas. Debe prestarse mucha atención al dolor, por que es una señal de alarma de las posibles consecuencias del sobre-entrenamiento.

    Consecuencias

    Numerosos problemas orgánicos y lesiones pueden aparecer cuando la práctica deportiva es excesiva.

    Las desproporciones entre las partes corporales son muy frecuentes, por ejemplo, un cuerpo muy voluminoso con respecto a la cabeza.

    La sobrecarga de peso en el gimnasio repercute negativamente en los huesos, tendones, músculos y las articulaciones, sobre todo de los miembros inferiores, con desgarros y esguinces.

    La alimentación es otro problema muy frecuente e importante, ya que consumen muchas proteínas e hidratos de carbono y poca cantidad de grasa en un intento de favorecer el aumento de la masa muscular. Ocasionándoles muchos trastornos metabólicos.

    El uso de anabólicos es también otra consecuencia que se asocia a la vigorexia, en un intento de mejorar el rendimiento físico e incrementar el volumen de sus músculos. Con el uso de estas sustancias no se obtiene ningún beneficio, sino todo lo contrario, ya que producen muchos trastornos en el organismo como masculinización e irregularidades del ciclo menstrual en las mujeres, acné, problemas cardíacos, atrofia testicular, disminución de la formación de espermatozoides y retención de líquidos, entre otros.

    Es importante tener en cuenta que estas drogas no aumentan la fuerza muscular, la agilidad ni la resistencia.

    Tratamiento

    Si bien se ha comprobado la existencia de trastornos en los niveles de diversas hormonas y mediadores presentes en la transmisión nerviosa en el sistema nervioso central, los principales factores desencadenantes involucrados son de tipo cultural, social y educativo, a los que estas personas están expuestas continuamente. Por ello, el tratamiento de estas personas debe enfocarse a modificar la conducta y la perspectiva que tienen sobre su cuerpo.

    El entorno afectivo, amigos y familiares, cumple una función muy importante en su recuperación, al brindarle apoyo cuando intentan disminuir su programa de ejercicios a rutinas más razonables.

    Es necesario disminuir el entusiasmo y la ansiedad por la práctica deportiva intensa logrando que se interesen por otras actividades menos nocivas para su cuerpo.

    El hecho de desear la imagen corporal ideal no implica necesariamente que la persona padezca algún trastorno psicológico, pero siempre debe estarse muy atento ya que las probabilidades de que sí aparezca son mayores en éstas personas.

    Esclavos del cuerpo

    Existe en la sociedad una tendencia creciente, incluso compulsiva en algunos casos, a lograr a toda costa ampliar el canon de belleza. Sin embargo, la anorexia y la bulimia demostraron en la década de los 90 que de la moda a la enfermedad sólo hay un paso. Ahora irrumpe con fuerza lo que se conoce de manera científica como vigorexia o la obsesión por ganar músculo a través de una actividad física desproporcionada, y la delgadez que buscaban ellas se contrapone con la robustez que persiguen muchos varones.

    El psiquiatra estadounidense Harrison G. Pope acuñó el término en 1993. Por entonces, lo bautizó como la anorexia reversa, por estar más relacionada con los varones que con las féminas. En sus últimos libros y escritos sobre el tema, prefiere hablar de Complejo de Adonis.

    Las cifras ponen de manifiesto que aspirar a tener una buena musculatura no es, precisamente, un caso aislado. Un estudio del doctor Pope indica que de los nueve millones de hombres que acuden regularmente a un gimnasio en este país, algo más del 10% podría ser vigoréxico. En España, el Consejo General de Colegios de Farmacéuticos calcula que existen unos 700.000 casos.

    “Se trata de un trastorno que se caracteriza por una tendencia obsesiva a conseguir un cuerpo musculado”, afirma la doctora Teresa Lartigau, psiquiatra y especialista en este tipo de patologías. Aunque la alimentación juega un papel importante, ya que los suplementos dietéticos –ricos en proteínas y carentes de grasas- ayudan a conseguir esa musculación, lo correcto sería hablar de un desorden psiquiátrico. “De alguna forma, está relacionada con la anorexia y la bulimia porque las tres son trastornos adictivos”, añade. “Recuerdo el caso curioso de algunos muchachos que después de superar una anorexia nerviosa se dedicaron a cultivar el cuerpo en exceso y pasaron de un trastorno a otro”, explica.

    Insatisfacción con el físico

    Aunque hasta hace tres años no se habían estudiado casos de vigorexia, su perfil resulta bastante familiar:

  • Personas inmaduras, “por su excesiva dedicación al cuerpo”, apunta la doctora Lartigau.

  • Baja autoestima

  • Introvertidos

  • Antisociales

  • Miradas continuas en el espejo

  • Acuden con mucha frecuencia al peso

  • Obsesionados con hacer sobreesfuerzos físicos

  • En definitiva, quien sufre de vigorexia es una persona insatisfecha con su propio cuerpo; se ve demasiado delgado y busca con el ejercicio adquirir el volumen deseado. “Necesitan, buscan, a través la musculación, estar más satisfechos consigo mismos”, precisa la especialista. Al tratarse de un trastorno, su tratamiento es más sociológico que clínico. “La base está en tratar los rasgos de la personalidad. Deben mejorar su autoestima, pero por cauces distintos a la actividad física obsesiva”, aconseja la doctora.

    La vigorexia causa problemas físicos y estéticos: desproporción entre cuerpo y cabeza, problemas óseos y articulares debido al peso extra que tiene que soportar el esqueleto, falta de agilidad y acortamiento de músculos y tendones.

    La situación se agrava cuando se une el consumo de esteroides y anabolizantes con el fin de conseguir "mejores resultados". El consumo de estas sustancias aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, lesiones hepáticas, disfunciones eréctiles, disminución del tamaño de los testículos y mayor propensión a padecer cáncer de próstata.

    No es fácil diagnosticar esta enfermedad, puesto que los criterios aun no son claros al tratarse de un trastorno de reciente aparición que aún no ha sido reconocido como enfermedad por la comunidad médica internacional.    

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