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Somos lo que comemos      Por: Esperanza Soler

Cuando me encontraba entre el auditorio de una conferencia sobre la relación existente entre nutrición y salud mental recordé una frase que se dice con impotencia a los niños anoréxicos (con falta de apetito): ¡La vida entra por la boca!

Se sabe que la salud es el equilibrio del ser humano en tres aspectos: biológico, psicológico y social. Se conoce más, por ejemplo, que el exceso en la ingestión de sal o alimentos fritos puede influir en la aparición de hipertensión arterial, enfermedades del corazón y otras.

Sin embargo, muchos desconocen que la deficiencia o el desequilibrio grave en la nutrición son causas de disímiles trastornos mentales.

La nutrición es el eslabón perdido entre el cuerpo y la mente, entre la salud mental y la física; así lo asegura la doctora Miriam Bolet Astoviza, especialista de Segundo Grado de Nutrición, master en esa rama de la salud pública y profesora auxiliar. Ella es autora de la investigación referida. A los pacientes que la consultan, ahora en el Hospital Universitario General Calixto García de La Habana, les explica que la nutrición se relaciona con todas las enfermedades, o sea, con las del cuerpo y con las de la mente. Por eso cuando una persona acude a la consulta de psiquiatría también el especialista debe interrogarle acerca de la dieta que consume habitualmente.

Dime lo que comes y te diré cómo te sientes

Esta especialista enfatiza que para evitar enfermedades mentales, además de asumir otros saludables estilos de vida, el ser humano necesita consumir alimentos variados y sanos, dentro de los cuales deben abundar esencialmente los vegetales. Excepto el tomate, que es ácido, los vegetales son compatibles con la mayoría de los alimentos.
A la par, es preciso realizar cinco comidas al día (desayuno, merienda, almuerzo, merienda y comida), para suministrar de forma sistemática glucosa al cerebro.

Esto tiene su base científica: cualquier interrupción en la provisión constante de glucosa a la corriente sanguínea se traduce en una inmediata perturbación de las funciones cerebrales, pues el órgano vital utiliza para su adecuado funcionamiento el 25 por ciento de esa glucosa.

La pérdida del control emocional es el primer síntoma de perturbación mental causada por deficiencia de glucosa en el cerebro.

Las uvas, miel y otros alimentos son ricos en glucosa, la cual es obtenida también a través de la metabolización de los hidratos de carbono y del glucógeno que el hígado produce y almacena a partir de la descomposición de grasas y proteínas ingeridas.


Grasas en la alimentación: Evitar errores

Bolet Astoviza destacó que es un gran error la completa eliminación de las grasas en la dieta diaria, pues las mismas constituyen una de las mejores fuentes de energía alimenticia.

Lo importante es evitar las combinaciones de alimentos incompatibles, recalcó, porque esto afecta la digestión. Las grasas tampoco deben ingerirse con una proteína concentrada.

Las deficiencias de las grasas esenciales que el cerebro necesita, así como de los nutrientes precisos para metabolizarlas, conllevan una serie de problemas mentales que van desde la depresión hasta la agresividad.

Por eso una parte importante del estudio realizado por la doctora Bollet Astoviza está centrado en la necesidad de comer pescado, el cual contiene ácidos grasos omega 3, básicos para mantener saludables las membranas de las neuronas.
Diversas pruebas clínicas realizadas en el Reino Unido y Estados Unidos han demostrado que la deficiencia nutricional de ácidos grasos omega 3 propicia comportamientos violentos y depresión. Por el contrario, reclusos sometidos a un cambio en su alimentación, en la cual se incluyeron los mismos, disminuyeron notablemente su conducta agresiva.

El estudio de la doctora Miriam Bollet Astoviza plantea que en enfermedades mentales más complejas como esquizofrenia y demencia de Alzheimer está demostrado que los pacientes han tenido deficiencias nutrimentales a nivel celular.
Trastornos más comunes

Dedicó buena parte de su estudio a profundizar en los dos trastornos específicos de la alimentación, netamente psiquiátricos, más frecuentes y peligrosos en la actualidad: la anorexia y la bulimia nerviosas.

La anorexia mental se manifiesta cuando el individuo tiene miedo exagerado a engordar, por lo cual reprime u oculta los deseos y la necesidad de alimentarse y pierde peso de modo excesivo.

También distorsiona su imagen corporal y se ve pasado de peso cuando en realidad está en delgadez extrema.
Esa persona suele ignorar los problemas que esto le ocasiona y pone en peligro su vida; primero desaparecen los ciclos menstruales (en las mujeres), disminuye la tolerancia al frío.

Afloran piel seca, estreñimiento, dolor abdominal y vello corporal. Después se agravan las molestias con la aparición de arritmias cardiacas, alteraciones en electrolitos (como el sodio o el potasio) cuyo correcto balance es imprescindible para la vida. Los síntomas digestivos que se van produciendo cuando se pierde peso corporal tienden a mantener la falta de apetito y pueden llevar hasta la muerte.

Existen dos tipos de conductas anoréxicas, pero ambas pueden mezclarse en una misma persona: la restrictiva y la purgativa. La primera evade el consumo de alimentos, al tiempo que se hacen excesivos la preocupación por las dietas y el control de las calorías que tiene cada nutriente. Ese modo de actuar se ve más comúnmente en personas con rasgos obsesivos de personalidad como la tendencia excesiva al orden, al perfeccionismo, la rutina y otros.
En la anorexia purgativa el enfermo con pánico al sobrepeso, acepta comer pero luego se provoca vómitos, abusa de laxantes o diuréticos y hace ejercicios de forma desenfrenada tras la ingesta. Se trata de pacientes más impulsivos.
El tratamiento es complicado y exige una vigilancia extrema, pues los afectados tienden a esconder o arrojar las comidas, a vomitar y hasta falsean su peso mediante los trucos más impensables, todo por supuesto a escondidas.
Los enfermos con el otro padecimiento, la bulimia nerviosa, al contrario de lo anterior, ingieren alimentos en forma de atracones incontrolables, que terminan con un gran sentimiento de culpa.

Con frecuencia compensan esta ingesta expulsando los productos ingeridos o mediante otras conductas purgantes. Los productos elegidos para estos excesos por lo general son los más grasos o dulces, de escaso valor nutritivo.
Presentan también una gran preocupación por la imagen personal y por el control de peso. Las comidas abundantes ocurren con frecuencia en momentos de ansiedad, los cuales se confunden con hambre. Si no utilizan las vías para expulsar lo ingerido, entonces la consecuencia más segura para ellos será la obesidad.

El tratamiento de la bulimia nerviosa es igualmente largo, complejo y básicamente psicoterapéutico.

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