EL    ESTRÉS                                                                

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Estrés y síndrome de estrés postraumático

Probablemente, todos hemos sentido estrés. A veces es por un momento breve y debido a alguna situación, como estar en un tráfico pesado. Otras veces, es más persistente y complejo como cuando tenemos problemas de relaciones, algún miembro de la familia está enfermo o debido a la muerte del cónyuge. Y a veces el estrés nos puede motivar a lograr ciertas tareas.

El estrés puede entenderse como una sobrecarga para el individuo. Esta sobrecarga depende tanto de las demandas de la situación, como de los recursos con los que cuenta el individuo a para afrontar dicha situación. Cuánto mayores sean las demandas de la situación y cuánto menores sean los recursos del individuo, la sobrecarga será mayor.

El estrés puede ser positivo o negativo. Es positivo cuando el individuo interpreta que las consecuencias de la situación serán favorables para sus intereses. Por el contrario, si percibe que dichas consecuencias serán desagradables o perjudiciales, el estrés será negativo. En ambos casos el estrés produce cansancio, activación fisiológica, etc.; sin embargo, el estrés positivo genera emociones positivas o agradables, mientras que el estrés negativo produce emociones negativas o desagradables.

El estrés se ha entendido como estímulo, como una serie de situaciones altamente relevantes y con una fuerte demanda de recursos para el individuo, como por ejemplo:

  • catástrofes naturales,

  • separación o divorcio,

  • pérdida de un ser querido,

  • ruina económica,

  • matrimonio,

  • nacimiento de un hijo, etc.

  • También el estrés ha sido entendido como respuesta. Por ejemplo, como los cambios biológicos asociados a las situaciones estresantes. Estos cambios biológicos siguen:

  • una primera fase de preparación (se inicia la activación),

  • una segunda fase de mantenimiento (la alta activación fisiológica es necesaria para afrontar las demandas de la situación y no puede disminuir),

  • y, por último, la fase de agotamiento (en la cual ya no se mantiene el nivel de alta activación fisiológica, que cae bruscamente).

  • Estas tres fases componen el Síndrome General de Adaptación, que estudió Selye.

    Hoy en día el estrés se interpreta como un proceso interactivo, en el cual están en juego las demandas de la situación y los recursos del individuo para afrontar la situación. Las demandas de la situación dependen de la valoración subjetiva que el individuo realiza sobre cómo dicha situación afectará a sus intereses. Por lo tanto, una misma situación puede ser mucho más estresante para un individuo que para otro. A su vez, los recursos de afrontamiento son valorados también por el propio individuo, que puede juzgarlos inadecuados, aunque realmente no lo sean. Este sesgo en la valoración de los recursos propios originará también una mayor reacción de estrés, una mayor sobrecarga, y un peor aprovechamiento de los recursos propios.

    ¿Ansiedad y estrés, se pueden usar como sinónimos?

    En muchas ocasiones los términos ansiedad y estrés se usan como sinónimos, sin embargo, existen campos de trabajo en investigación y en la práctica profesional diferentes, aunque ciertamente con algunos solapamientos. El estrés es un proceso en el cual el individuo se enfrenta a las demandas de una situación importante para él. Este proceso puede desencadenar una reacción de ansiedad, que es una emoción desagradable que surge ante una posible amenaza. Ahora bien, el estrés también puede desencadenar otras reacciones emocionales distintas de la ansiedad, por ejemplo: alegría, satisfacción, enfado, tristeza, etc. El estrés está más asociado con cansancio y agotamiento que la ansiedad. Una persona puede estar agotada por exceso de trabajo, o por algunas otras situaciones, sin que el individuo manifieste un estado especial de nerviosismo o ansiedad. Por otro lado, las situaciones estresantes incluyen diferentes tipos de situaciones relevantes para el individuo (amenaza, peligro, daño, pérdida, etc), mientras que las situaciones ansiógenas son siempre situaciones de tipo amenazante, al menos tal y como las percibe el individuo.

    Estrés Peligroso. El estrés se convierte en peligroso cuando interfiere con su habilidad de vivir una vida normal por un período extenso de tiempo. Usted puede sentirse “fuera de control” y no tener idea de lo que debe hacer, aún si la causa es relativamente insignificante. Esto a su vez puede causarle que usted esté continuamente fatigado, no se pueda concentrar o esté irritable en situaciones normalmente tranquilas. El estrés prolongado puede aumentar cualquier problema emocional que haya surgido de eventos traumáticos en su pasado, e incrementar pensamientos suicidas.

    Reacciones Naturales. El estrés también puede afectar su salud física debido a los mecanismos internos de respuesta que tiene nuestro cuerpo. Usted puede sudar con tan solo pensar en una fecha importante, o sentir que su corazón se acelera mientras mira una película de miedo. Estas reacciones son causadas por hormonas que los científicos creen ayudaron a nuestros antepasados a lidiar con las amenazas e incertidumbre de su mundo.

    Si la causa de su estrés es temporera, los efectos físicos usualmente son de corta duración también. En un estudio la presión de tomar exámenes aumentó el grado de acné entre estudiantes de universidad, independientemente de cómo se alimentaron o durmieron. La condición disminuyó después que pasaron los exámenes. El dolor abdominal y la irregularidad también han estado atados al estrés situacional.

    Mientras más tiempo su mente se sienta estresada, sin embargo, más tiempo su sistema de reacciones físicas se mantiene activado. Esto puede llevarle a mayores problemas de salud.

    Desgaste Físico. El viejo refrán que dice que el estrés “envejece” a una persona más rápido que lo normal fue recientemente verificado en un estudio de mujeres que habían pasado muchos años cuidando niños incapacitados o muy enfermos. Debido a que sus cuerpos no fueron capaces de regenerar completamente las células sanguíneas, se encontró que estas mujeres eran físicamente diez años mayores que su edad cronológica.

    Reacciones al estrés a largo plazo pueden alterar el sistema inmunológico del cuerpo en formas que están asociadas con otras condiciones de “envejecimiento” como son la fragilidad, descenso en funcionalidad, enfermedad coronaria, osteoporosis, artritis inflamatoria, diabetes tipo 2, y algunos tipos de cáncer.

    Las investigaciones también sugieren que el estrés imposibilita la capacidad del cerebro de bloquear ciertas toxinas y otras moléculas más grandes, potencialmente dañinas. Esta condición también es común en pacientes que sufren la enfermedad de Alzheimer.

    Puntos de Presión. Aunque el estrés emocional que surge sorpresivamente, ha sido relacionado con la disfunción severa del corazón en personas normalmente saludables, los científicos no están seguros si el estrés crónico por si solo causa enfermedad del corazón. Lo que si está claro es que el estrés excesivo puede empeorar factores de riesgo

    ¿Qué es el afrontamiento? Afrontamiento es cualquier actividad que el individuo puede poner en marcha, tanto de tipo cognitivo como de tipo conductual, con el fin de enfrentarse a una determinada situación. Por lo tanto, los recursos de afrontamiento del individuo están formados por todos aquellos pensamientos, reinterpretaciones, conductas, etc., que el individuo puede desarrollar para tratar de conseguir los mejores resultados posibles en una determinada situación.

    Ante una situación estresante, o cuando el individuo reacciona con una determinada emoción, es posible adoptar distintos tipos de afrontamiento. Por ejemplo, una clasificación muy simple de tipos de afrontamiento sería:

    Otra clasificación básica podría ser:

    Finalmente, otra clasificación importante que se suele cruzar con la anterior es:

    ¿Si un individuo tiene buenas estrategias de afrontamiento, entonces no tendrá estrés? . Si un individuo tiene buenas estrategias de afrontamiento, puede estar mejor preparado para afrontar el estrés, pero es posible que las demandas de la situación superen sus recursos; además, puede ser que el individuo no valore adecuadamente su recursos, y no los utilice, o no los utilice adecuadamente. Por otro lado, no debemos olvidar que en muchos casos las demandas de la situación dependen del tipo de valoración que hace el individuo, de manera que una situación puede resultar muy estresante para un individuo, mientras que para otro no lo es en absoluto. Esta valoración puede ser más importante a la hora de determinar si un individuo sufrirá más o menos reacción de estrés, que las estrategias de afrontamiento que posea.

    ¿Es normal tener estrés y ansiedad? Un nivel moderado de estrés, es algo normal y consustancial con la vida misma. El ser humano y, en general, lo seres vivos tienen que adaptarse a múltiples situaciones. El proceso de adaptación a las demandas de una situación, pone en marcha normalmente un proceso de estrés, en el que el individuo puede no tener suficientes recursos para afrontar las demandas de la situación.

    Muchas situaciones de alta frecuencia, incluyendo los cuatro tipos de situaciones ansiógenas, a las que nos hemos referido en otras ocasiones (situaciones de evaluación, situaciones sociales, situaciones fóbicas y situaciones de la vida cotidiana), provocan reacciones de ansiedad, que pueden ir de moderadas a intensas. Todas estas manifestaciones de ansiedad son normales, manifestando unas personas una mayor intensidad que otras en cada situación.

    ¿El estrés puede tener consecuencias negativas sobre la salud? Sí el estrés está relacionado con salud. El estrés negativo, intenso y persistente durante un largo periodo de tiempo, por ejemplo más de dos años, aumenta la probabilidad de desarrollar problemas de ansiedad, cansancio crónico, agotamiento y otros problemas de salud, como procesos infecciosos, trastornos psicofisiológicos, etc.

    Como podemos saber si tenemos estrés?

    Primero tenemos que recordar que el estrés se percibe como un PELIGRO, de ahí que quizás algunos piensen que ante la amenaza de un despido, la falta de adaptación al entorno laboral, la ausencia de interés por la función que se desempeña, las tareas repetitivas o los salarios bajos son los únicos factores que pueden desencadenar en una situación de estrés.

    Sin duda alguna, todas estas condiciones se pueden dar en una persona estresada. Sin embargo, incluso los individuos que van a recibir un aumento salarial o van a ser promocionados no se libran de padecerlo.

    Estudios de psicología moderna nos advierten que el estrés continuo puede generar estados de ansiedad que terminan bloqueando el funcionamiento de los procesos cognitivos, es decir, nuestra claridad mental.

    Las preocupaciones recurrentes, por ejemplo, pueden llegar a invadir nuestro sueño y mantenernos despiertos la mayor parte de la noche, y los miedos que se imponen sobre el resto de los pensamientos son capaces de distraernos de lo que estamos haciendo.

    La característica central de la reacción que nos produce el estrés es la incertidumbre, una incertidumbre que dispara un estado de alerta para corroborar la eventualidad de una amenaza.

    Signos emocionales

    Apatía e indiferencia, ansiedad, miedo, sensación de inutilidad, depresión, irritabilidad y estado defensivo.

    Fatiga mental: problemas de concentración, pensamiento poco fluido, esfuerzo continuo, dificultad para emprender nuevas acciones.

    Negación: Ignorar síntomas, negar problemas, continuar trabajando a pesar de estar demasiado cansado para continuar.

    Preocupaciones y pensamientos obsesivos: una conciencia continua del evento estresante que irrumpe de manera recurrente, más allá de los límites del pensamiento necesario para resolver un problema.

    Ideas intrusas: sorpresivas y súbitas, pensamientos que no tienen nada que ver con la tarea mental en curso.

    Pensamientos, sensaciones y emociones persistentes o ideas que la persona es incapaz de detener.

    Hipervigilancia: un estado de alerta, indagación y búsqueda desproporcionada, que se caracteriza por una tensa expectativa.

    Insomnio: imágenes e ideas persistentes que dificultan la conciliación del sueño, malos sueños, pesadillas y despertares angustiosos

    Signos de comportamiento

    Evasión: del trabajo, de las amistades, de la responsabilidad.

    Drogadicción: Alcoholismo, drogas, juego, derroche.

    Abandono: Atraso del trabajo, desaseo, vestir descuidado.

    Problemas legales: Deudas, infracciones, accidentes, robos, violencia.

    Signos físicos

    Enfermedades frecuentes de todo tipo, contracturas musculares y dolores de columna vertebral como lumbalgia, ciática o dolor cervical. dolores de cabeza provocados por la tensión, migrañas, síndrome de colon irritable y puede disminuir la resistencia a algunas enfermedades como los resfriados o las dolencias víricas. Asimismo, puede potenciar el asma, los dolores de espalda, los dolores de espalda, gastritis o provocar una úlcera gastroduodenal.

    Dolencias menores: Náuseas, insomnio, dolor de cabeza, problemas digestivos, cambios de peso, cambios de apetito, problemas sexuales. Agotamiento físico, fatiga continua, cansancio sin causa.

    Las enfermedades coronarias son también una consecuencia común del estrés. los hombres de mediana edad que padecen estrés laboral podrían ser más propensos a desarrollar arteriosclerosis, una enfermedad que obstruye las arterias y que puede desencadenar un infarto de miocardio.

    Todas estas dolencias pueden tratarse. Sin embargo, existen otras asociadas al estrés en el trabajo que pueden resultar mucho más graves. Este problema puede precipitar la aparición de la depresión, una patología que llega a incapacitar

    El síndrome de estrés postraumático : es un trastorno psiquiátrico que aparece en personas que han vivido un episodio dramático en su vida (guerra, secuestro, muerte violenta de un familiar...). En las personas que lo sufren son frecuentes las pesadillas que rememoran la experiencia trágica vivida en el pasado.
    Hay que observar que no se incluyen dentro de estos desencadenantes situaciones difíciles, pero propias de la vida “normal”, como un divorcio, la muerte de un ser querido, enfermedad, conflictos familiares o reveses económicos.

    Quien lo padece
    La mayoría de las personas que han sufrido un trauma no llegan a padecer el estrés postraumático, un hecho que todavía no tiene explicación. Además y al contrario de lo que se cree, la gravedad del síndrome no depende de la naturaleza del trauma que lo desencadena.
    La reacción a una situación dura e inusual depende mucho de la sensibilidad de las personas afectadas y de sus recursos para afrontar los traumas. En parte esto se encuentra determinado por las características genéticas de cada uno, pero también influye la personalidad y la situación vital concreta que esté atravesando, si ha sufrido o no otros traumas en el pasado o el tejido familiar y social que pueda apoyarle.
    Puede aparecer a cualquier edad, aunque suele ser más frecuente entre las personas jóvenes, quizá porque tienen más posibilidades de exponerse a los traumas desencadenantes. También es más común en aquéllos individuos socialmente aislados.

    Síntomas
    Dentro del síndrome por estrés postraumático, los expertos distinguen entre el tipo agudo, que se manifiesta durante el primer mes hasta los tres meses después del trauma, y el tipo latente que puede aparecer por lo menos a los seis meses desde el hecho desencadenante. En algunos casos, la aparición de los síntomas puede producirse décadas más tarde. Estos son los más característicos:
    -
    Rememoración del trauma (flashbacks), pesadillas o recuerdos instantáneos e involuntarios en cualquier momento del día.
    - Alucinaciones con la idea de que se repite el hecho traumático.
    - Ansiedad extrema al entrar en contacto con las personas, lugares o cualquier circunstancia que recuerde el trauma.
    - Palpitaciones, dificultad para respirar, sudor cada vez que se recuerda el hecho desencadenante.
    - Evitar conversaciones, lugares, personas, en general cualquier cosa que pueda relacionarse con el trauma.
    - Incapacidad para recordar detalles importantes del hecho.
    - Sentirse psíquicamente distante, entumecido y paralizado ante cualquier experiencia emocional normal.
    - Creer que la vida va a ser más corta de lo que lógicamente se espera.
    - Perder el interés por la aficiones y diversiones.
    - Mostrar signos de hiperactividad: dificultad para dormir, irritabilidad, incapacidad para concentrarse o alarmarse con mucha facilidad.

    Los síntomas duran un mes como mínimo y afectan la capacidad del paciente para retomar su vida normal tanto en casa, como en el trabajo o en las situaciones sociales. No importa el tiempo que haya pasado desde que se produjo el trauma. El síndrome puede aparecer años después

    Tratamiento
    El tratamiento es a largo plazo, lo que explica el alto grado de abandono de la terapia. Se estima que el 75 por ciento de los pacientes tratados lo abandona. El tratamiento se basa en una combinación de fármacos y psicoterapia.
    Los fármacos empleados se dirigen a los diversos síntomas del síndrome, teniendo en cuenta los más acusados. Los medicamentos que suelen prescribirse son antidepresivos y ansiolíticos.
    La psicoterapia se encamina a desarrollar técnicas de relajación, como aprender a respirar correctamente ante una crisis provocada por el síndrome. Este tratamiento se puede combinar con métodos cognitivos para racionalizar los hechos traumáticos y también con terapia de choque, por la que se recrea la situación vivida para ayudar a la víctima a superarla y a perder el miedo que le produjo.


     

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